«HAY QUE SABER DÓNDE PONEN LAS GARZAS«
Esta era frase insignia de Don Diego Arcia, un hijo de Planeta Rica, Córdoba, que llegó a la ciudad de Bogotá, cargado de sueños e ilusiones y con una esposa a punto de dar a luz a su primer hijo. Eran los años 60, una época dura para los costeños en la capital, quienes eran tildados de flojos, bullosos, mala paga y todo tipo de apelativos, generando así una imagen negativa de todo aquel foráneo procedente del norte del país. La historia de Don Diego Arcia no fue para nada diferente, pero su empeño, disciplina, constancia y honestidad lo llevaron a crear la empresa que revolucionó el mundo de las duchas eléctricas, la misma que hoy posición a Colombia, como el segundo país en producir este elemento después de Brasil, considerado el padre de las duchas eléctricas. Así empieza la gran historia de Boccherini S.A.S.
En los años 90, Don Diego Arcia, tenía un local comercial de bolsos de cuero y artesanías, en compañía de su esposa, la cual estaba ubicado en pleno centro de la ciudad de Bogotá, más exactamente en la calle 19, un negocio que lograron sacar adelante mientras él se dedicaba a la venta de lotería, lotes de cementerio y electrodomésticos en la reconocida empresa J Glottmann.
Una mañana gris, mientras hacía sus visitas rutinarias al negocio, notó el bullicio de una multitud que se encontraba agolpada en una esquina, esto llamó mucho su atención, porque había una fila enorme de gente que esperaba adquirir un novedoso y fascinante producto, como buen vendedor, le entró la curiosidad de saber que era eso que todos deseaban, así que no dudó ni un segundo en acercarse, hizo la fila y efectivamente llegó su turno, observado aquel objeto metálico, muy parecido a la olla a presión o pitadora como le llaman los capitalinos, pero en realidad se trataba de la primera ducha eléctrica que hubo en Colombia, proveniente de la ciudad de Medellín.
Su curiosidad insaciable quería más de aquel producto que a todos encantaba, así que compró una ducha, la llevó a su casa, la instaló y a pesar de su fabricación artesanal, de su fabricación artesanal, de su regadera empezó a salir agua caliente para ese entonces algo maravilloso, sus Hijos Yasmy, Carlos y Diego, fueron los más felices con la compra, quienes a partir de ese momento ya no tendrían que bañarse con agua fría. Así fue como Don Diego, tuvo en sus manos por primera vez una ducha eléctrica.
De inmediato vio una oportunidad de negocio muy buena y expresó sus enormes ganas de vender ese producto del que se sentía casi seguro que sería todo un éxito, así que busco los contactos del fabricante en la factura que le habían entregado y rápidamente se puso en contacto con ellos, en esa primera llamada sacó a relucir su cargo como vendedor estrella en J Glottmann, el mismo que tanto había luchado, porque para la época daba un cierto estatus laboral, de inmediato los fabricantes de las duchas le dieron su voto de confianza.
Don Diego Arcia, comercializó esas duchas durante dos años el producto era muy bueno se vendía como pan caliente, pero sus ganas de convertirse en un gran empresario y su mente visionaria le decían que tenía que ir más allá, así que investigo y logró contactarse con una empresa fabricante de Brasil, considerados los creadores de las primeras duchas eléctricas en el mundo, al poco tiempo empezó a importar el producto a Colombia, sin embargo, Don Diego, era un hombre al que le interesaba mucho el cliente y siempre quería ofrecerle lo mejor y las duchas importadas, aunque tenían una ventaja enorme porque eran plásticas, también traían algunos defectos que no permitían una optimización al cien por ciento, así que, en el año de 1989, decidió fabricarlas y perfeccionar todas las falencias existentes, fue así como creo la primera ducha con sistema Super automático, lo que la hacía más practica y menos costosa, una completa revolución.
Don Diego en medio de su felicidad por ese gran logro, decidió que este nuevo producto merecía una marca que lo representara y después de tanto pensar, encontró el nombre para la nueva ducha que años más tarde haría parte de todos los hogares bogotanos, lo llamo Boccherini, en homenaje a aquel musico y compositor italiano, que tantas veces había deleitado sus oídos con suaves melodías. Cuenta su hijo Carlos Arcia que al principio fue duro la mentalidad de los consumidores para que prefiriera un producto super automático debido a que todos estaban acostumbrados a graduar sus duchas manualmente pero poco tiempo después comenzaron a amar las Duchas Boccherini, por su calidad resistencia y fácil uso. Han pasado 29 años, el crecimiento constante de Boccherini S.A.S. como hoy día se llama los ha llevado a reubicar sus instalaciones varias veces hasta llegar al sector de Montevideo desde gracias al empeño y la dedicación de los hijos de Don Diego Arcia (Q.E.P.D) han logrado sacar adelante el legado de su padre poniendo en práctica todo lo que aprendieron a su lado manteniendo la humildad el buen ambiente laboral y fomentado el respeto a sus colaboradores como desde un principio Don Diego llamo a sus empleados, pero siempre en cuanto a tecnología y nuevas prácticas logrando así superar las expectativas.
